“Nuevo rumbo” por Karla Leal

Desde que tenía 17 años, sabía claramente el camino que debía seguir para lograr mis metas. Los años me fueron llevando a convertirme en una abogada bilingüe, con una maestría terminada y otra en proceso, estudios en el extranjero y una variedad de cursos tomados. El camino estaba trazado y yo lo seguía al pie de la letra.

14 años han pasado y ahora tengo 31 años, estoy casada y tengo un hijo de casi 3 años y después de mucho estudio, mucho esfuerzo y una carrera profesional formada, me vengo a replantear mi vida, mis logros, mis metas. Sucede que en el momento que pensaba que tenía todo definido profesionalmente y un “equilibrio” familiar adecuado, pierdo mi trabajo.

Ese momento fue crucial para reconsiderar los reales objetivos de mi vida. Después de un tiempo de resistencia y de querer regresar a lo que tenía antes, después de considerar que ya no era útil socialmente, llegó a mí una visión. De repente, sentí como si hubiera estado en una especie de letargo por largo tiempo, como si hubiera estado en un cuarto oscuro en el cual sabía moverme con facilidad, aún oscuro, ya me había aprendido las paredes, los obstáculos, estaba cómoda y feliz, jamás pensé en salir de ahí, sin embargo, tal movimiento brusco en mi vida profesional me obligó a abrir la ventana, abrir la puerta, salir y ver la luz. Esa luz fue convivir con mi hijo, mi esposo, mi familia y amigos en una forma diferente, sin presiones y esto me hizo darme cuenta que no sabía nada, que mis metas estaban mal establecidas. De pronto, caí en cuenta que mi vida no era equilibrada, estaba estresada todo el tiempo, siempre estaba corriendo, nunca tenía tiempo de nada y lo más importante de todo, mi proyecto más importante en la vida, estaba desatendido, mi hijo.

Comprendí que a sus casi 3 años no nos conocíamos, casi no convivimos y cuando lo hicimos no era de la forma adecuada, mi estabilidad no me permitía estar presente positivamente. Cuando me di cuenta de eso, decidí darle un nuevo rumbo a mi vida.

La presión social es grande, la gente que nos rodea y nosotros mismos nos exigimos ciertos estándares. ¿Cómo puede haber una persona con tanto estudio que no trabaja? ¿para qué te pague todos esos estudios, si ibas a terminar así?, y, ahora que tienes tanto tiempo en casa, puedes dormir mucho ¿verdad? Nada más fuera de la realidad. Así se escuchan miles de preguntas, algunas de ellas no vienen del exterior, sino de nosotros mismos. Una mujer de 30 años en esta generación que tiene tanto estudio, tiene una lucha interna impresionante, una cantidad de dudas que jamás permitimos externar. Definitivamente, entendí la frase célebre que dice: la crisis es una oportunidad para el cambio. Sin duda alguna, enfocar mi energía en mi “proyecto bebé”, fue algo que me remuneró de forma indescriptible. Simplemente, no conocía ésta faceta, no sabía de lo que era capaz, no sabía qué tanto me necesitaba mi hijo y no tenía idea cuanto yo lo necesitaba a él. No sólo hablo de la cantidad de tiempo que pasaba con él. Definitivamente, mi hijo necesitaba, más que tiempo, una mamá con sanidad mental.

Yo tuve que luchar conmigo misma, contra los prejuicios que tenía de las mamás de casa, luchar contra ideas equivocadas. El tiempo en casa es cansado, es retador, estar todo el día con los hijos también puede hacerte cuestionar tu sanidad mental, tu paciencia. La etapa de madre en casa, es un reto, igual que un trabajo, sólo que tu jefe eres tú mismo y parecemos mucho más estrictos con nosotros mismos que con los demás. Cuando dejé los paradigmas fuera y tomé ciertas decisiones, mi vida cambio. Descubrí mi lugar. Éste era mi lugar y me sentía plena, feliz y nunca pensé llegar a sentirme así en mi nueva etapa.

Definitivamente, haber descubierto que me agrada esta nueva faceta de mi vida, me hace replantearme la decisión de la carrera que elegí, cuando ya tenía todo sumamente calculado en lo profesional, ahora me planteo la posibilidad de trabajar medio tiempo, de trabajar con horarios flexibles y poder dedicarle tiempo a mi hijo y dedicarle tiempo a mi parte de mamá, porque el tiempo que pasas con tus hijos, sea la cantidad que sea, es un regalo que te haces a ti misma, un regalo que le haces al mundo, porque los hijos que tienen padres presentes, sin importar el tiempo que puedas darles, llegan a ser niños felices, seguros, son niños que van a hacer una diferencia, niños que van a aprender a querer, a tomar decisiones y a priorizar en la vida.

Descubrí que hay que respetar las decisiones de cada mamá, ya sea trabajar fuera de casa, medio tiempo o no trabajar. Cada mujer sabe lo que la hace feliz en la vida y una mamá feliz, siempre llevará armonía al hogar.

Luego llegó el dilema, hace unas semanas me hacen una propuesta laboral muy parecida a la que tenía con anterioridad, buen sueldo, buenas prestaciones, pero desafortunadamente sin horario flexible. Tuve noches sin dormir, dialogué infinidad con mi esposo, consideré opciones y hasta escuché audios de cómo tomar decisiones difíciles. Fueron días angustiantes de saber que tenía en mis manos la estabilidad y saber que la carrera que había elegido me tocaba la puerta de nuevo. Todo esto a cambio de perder tiempo, el sagrado tiempo con mi hijo. Fue muy difícil, pero tuve que hacerlo, rechacé la propuesta, en otras palabras rechacé volver al cuarto oscuro, al cuarto cómodo. ¿Por qué? Sencillo, porque después de haber saboreado todo esto que no conocía, no podía volver a soltarlo, después de que formé una relación nueva con mi hijo, era imposible pensar que algo era más valioso. Tomé la decisión de rechazar la propuesta y empezar a buscar una oferta laboral con horario flexible.

Tengo muy claro que quiero seguir mi vida laboral, pero no puedo volver a entrar en ese cuarto con oscuridad total. Tal vez si me abrieran un poco la ventana… Eso busco ahora.

Yo trabajé desde que me gradué y definitivamente viví en carne propia la dificultad de equilibrar trabajo y familia. La mayoría de las empresas establecidas en México simplemente no tienen la disponibilidad de facilitar la convivencia. Sólo quienes somos mamás comprendemos lo difícil que es dejar al bebé en la guardería por 8 horas o más diarias, trasladarte desde un lugar lejano, llegar a tu casa, hacer de cenar y dormir porque no hay tiempo y ni qué decir de cuando se enferma el bebé o pase algún otro imprevisto, porque las cosas se complican y hay que pedir permisos en el trabajo, descontarlos de días de vacaciones, etc. Simplemente es hacer acrobacias con el tiempo, la energía y el equilibrio mental. Es muy difícil, es un eterno cuestionarse si vale la pena, si esto es lo que necesita la familia, es un eterno dilema, en la mayoría de las mamás que conozco que laboran.

En muchas empresas, los horarios son inflexibles, hay problemas si una mujer se embaraza, no otorgan beneficios básicos como el tiempo de amamantar establecido en la Ley Federal del Trabajo. Hay muchos lugares de trabajo con esas características y es por eso que mujeres como yo, nos vemos en la necesidad de buscar otras opciones flexibles, porque México está cambiando y ahora las hay, son escasas, pero las hay.

Afortunadamente, después de rechazar la vacante anterior, me encuentro aplicando para otra vacante en una empresa que se preocupa por el bienestar de sus empleados. El trabajo será arduo, pero el horario flexible. Las mujeres somos multitareas, sabemos que es posible, si nos dan la oportunidad, realizar el trabajo a tiempo y cumplir con la familia, sólo necesitamos un poco de tiempo y comprensión por parte de la empresa. Nosotras somos capaces de mucho, somos fuertes y somos comprometidas, la mujer es un activo muy importante en todos los ámbitos de la vida.

Mis respetos para esas mamis que se quedan en casa, es difícil y para esas mamis que trabajan, muy difícil también. Todas las mamás estamos haciendo el trabajo más importante de nuestras vidas y el más desafiante, criar un hijo, pero, a su vez, el trabajo más gratificante de todos, verlo crecer como una persona de bien y darle las herramientas para que si en alguna ocasión se encuentra en un dilema como éste, entre trabajo, vida y familia, pueda tomar la decisión correcta y sienta paz consigo mismo.

La vida es sólo una. Tomemos la decisión que nos haga más felices, cualquiera que esta sea. Yo la tomé y nunca he estado más en paz. Deseo definitivamente lo mismo para todas ustedes.

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Karla Leal es abogada de profesión, mamá por vocación, apasionada en todo lo que hace, amante de la música y admiradora de Milán Kundera.